El Problema
El cliente tenía una etapa importante dentro del recorrido del alumno: una autoevaluación de desempeño aplicada antes y después del curso, con el objetivo de que cada persona identificara sus puntos de mejora y entendiera si había evolucionado durante la formación.
La propuesta era buena, pero la experiencia de uso era pobre. El usuario recibía un formulario en Google Forms con alrededor de 10 preguntas en formato de afirmaciones y debía asignar notas de 0 a 10 según cuánto se identificaba con cada frase.
La fricción no estaba solo en responder. Después de completar el formulario, el propio alumno todavía tenía que calcular manualmente el promedio de notas y anotar qué frases habían recibido las puntuaciones más bajas. Como esto ocurría antes y después del curso, la experiencia se volvía cansadora, repetitiva y poco fluida.
En la práctica, el usuario gastaba energía en una etapa operativa que no era el objetivo principal de la actividad. En lugar de concentrarse en reflexionar sobre comportamientos, prioridades, disciplina, claridad de objetivos y capacidad de ejecución, también debía hacer cuentas, revisar respuestas y organizar resultados manualmente.
En resumen, los principales dolores eran:
- Un proceso de llenado desgastante, porque el usuario debía responder una secuencia de preguntas en un formulario estático.
- Esfuerzo extra durante y después de las respuestas, ya que el alumno debía calcular el promedio manualmente.
- Identificación manual de puntos de atención, porque el usuario tenía que registrar por su cuenta las frases con menor puntuación.
- Repetición del proceso en dos momentos del recorrido (antes y después del curso), volviendo la experiencia más agotadora.
- Parte de la energía cognitiva se desviaba de la autorreflexión hacia tareas operativas sin valor real.
Entendiendo al Agente
Para resolver este problema, el agente necesitaba convertir un formulario frío en una conversación guiada, manteniendo el objetivo de la evaluación y eliminando la carga operativa que antes recaía en el usuario. El agente debía conducir la experiencia de forma natural, registrar respuestas, procesar datos automáticamente y entregar un resultado claro al final.
Para resolver el problema, el agente debe:
- Conducir la evaluación en formato conversacional, haciendo una pregunta por vez.
- Hacer que la interacción sea más ligera y natural que un formulario estático.
- Registrar cada nota atribuida por el usuario durante la conversación.
- Calcular automáticamente el promedio al finalizar la evaluación.
- Identificar qué frases recibieron las puntuaciones más bajas.
- Entregar una devolución clara, sin exigir interpretación manual.
- Mantener consistencia en la aplicación del proceso antes y después del curso.
De formulario a experiencia guiada
Con esta solución, transformamos una tarea burocrática en una experiencia más dinámica, clara y útil para el usuario. En lugar de completar, calcular e interpretar todo solo, el alumno pasó a responder únicamente la conversación, mientras el agente se encargaba del procesamiento y de la devolución final.
El resultado fue un recorrido de autoevaluación más fluido, con menos fricción y más foco en lo que realmente importa: ayudar a cada persona a identificar sus puntos de mejora y percibir su evolución a lo largo del curso.
